4.11.11

Tabaco y menta.


Le ve llegar a lo lejos, sus mejillas se colorean y su corazón late cada vez más fuerte dentro de su pecho. Piensa que no podrá, no será capaz de decírselo. Está nerviosa, le sudan las manos, pero no, no se puede rendir, no ahora. Se acerca a ella, ¡Oh, Dios!¿Cómo puede estar tan guapo?- piensa. No, no, no se puede distraer ahora, se lo dirá sí o sí.
Se arregla el pelo y se coloca bien la falda, lo necesario para que la mire por una vez. Ya está muy cerca, sus ojos miran al frente, pero no la ve. No pasa nada. Ya ha pasado por esto muchas veces antes. Se acerca a él e intenta sonreir. Llega su momento, abre la boca para hablar, pero él pasa delante de suyo, indiferente, impasible... Y ese adorable olor a tabaco y menta la traiciona, una vez más.